jueves, 5 de mayo de 2016

Sylvia Pankhurst, la revolucionaria indomable



El 5 de mayo de 1882 nació en Manchester, Inglaterra, Sylvia Pankhurst.
Primero activista por el derecho al voto de la mujer siguiendo los pasos de su madre Emmeline Pankhurst —una de las principales dirigentes del movimiento sufragista—, Sylvia Pankhurst fue una de las pocas revolucionarias que se opusieron activamente a la guerra imperialista de 1914-1918. Se enfrentó con su madre, rompió con el feminismo burgués, y evolucionó hacia las ideas de la izquierda comunista, el consejismo, junto a otros revolucionarios como Herman Gorter, Anton Pannekoek, Henriette Roland-Holst, Otto Rühle o Karl Korsch. Se opuso al temprano giro oportunista de la Internacional Comunista dirigida por Lenin, y defendió el boicot al parlamento y la autonomía del movimiento obrero al margen de la burocracia tradeunionista —coincidiendo con el Movimiento de los Delegados de Fábrica—, así como la igualdad de las secciones de la Internacional frente a la tutela de Moscú. Durante la guerra había fundado el periódico Worker’s Dreadnought (Acorazada Obrera) y la Federación Socialista Obrera que, con otros grupos, contribuyó a fundar el Partido Comunista de Gran Bretaña, del que fue expulsada en 1920 debido a sus ideas consejistas y antiparlamentarias.
Al margen del papel jugado primero en el sufragismo y después en el comunismo, Sylvia Pankhurst siempre mantuvo la integridad de sus convicciones personales frente a la disciplina de los aparatos partidarios y, más allá de la política, frente a las convenciones y las presiones sociales. Fue de las pocas que tuvieron el valor de hacerlo en unos momentos extremadamente duros. Junto a Rosa Luxemburg, Amadeo Bordiga, la primera Alexandra Kollontai, el primer Georg Lukács, Gorter o Pannekoek, fue un espíritu independiente y rebelde en el seno del comunismo, partidaria de la autoorganización de los oprimidos y por ello incapaz de someter su criterio a las consignas emanadas de los aparatos burocráticos de las organizaciones estables.
Durante el contraproceso de Londres en septiembre de 1933, paralelo al proceso de Leipzig por esa misma fecha —ambos contra el revolucionario consejista holandés Marinus van der Lubbe, que había incendiado el Reichstag unos meses antes—, Sylvia Pankhurst fue una vez más una de las pocas voces que se alzaron en defensa de la verdad, frente a la propaganda nazi y la propaganda bolchevique, frente a esos dos procesos, el bolchevique de Londres y el nazi de Leipzig, verdaderos ensayos generales de los procesos de Moscú, verdaderos anticipos de los juicios estalinianos que no hicieron más que perfeccionar y poner a pleno rendimiento el manejo de la mentira y de los piquetes de ejecución ya preparados en Londres y en Leipzig. En abril de 1934, pasados los hechos consiguientes al incendio del Reichstag, Pankhurst escribe en la revista anarquista Le Semeur: “De ninguna manera podemos imputar a Van der Lubbe como responsable del hecho de que los nazis (…) se hayan atrevido a considerar que el acto de Van der Lubbe fuese una excusa válida para el régimen de terror que habían puesto en práctica antes, durante y después del incendio”.
Sylvia Pankhurst pagó con la cárcel en varias ocasiones la defensa de sus ideas. Fue una de esas raras personas que ponen su propia carne en el asador de su espíritu. Pocos la recordarán, por desgracia. La intención de estas líneas es tratar de rendir un modesto homenaje a su carácter indomable y a su integridad revolucionaria.