miércoles, 22 de junio de 2016

Mujeres que aparecen en la guía telefónica


En un país en el que la mujer al casarse conserva el apellido de origen, su desaparición de la guía telefónica en favor de su marido era y supongo que sigue siendo una forma práctica de anular ese apellido y de hacer desaparecer a su portadora de la vía pública. En cambio, casi todas las mujeres que he querido o que me han querido, coincidieran o no ambas circunstancias, aparecen en la guía telefónica. Síntoma de que han conservado su propia identidad. Por algo será. No insinúo que haya sido por mí, desde luego, sino que si he tenido algún vínculo con ellas ha sido en gran medida debido a esa independencia confirmada por el tiempo y por la compañía telefónica. Nunca me ha gustado que me dominen en ningún sentido, incluido el de la relación amorosa, pero nunca me ha gustado tampoco dominar, ni siquiera en la relación amorosa. Dominar a un semejante es agotador y, sobre todo, degrada y por tanto hace indigna de amor a la persona dominada. Todas las personas a las que he amado y respetado eran y son dignas de amor y de respeto.

martes, 21 de junio de 2016

Anarquía no es izquierda


A cada uno lo suyo: este artículo lo inspiró un post de la web El Libertario de Venezuela (pincha aquí para leer ese post) sobre el anarquismo posizquierdista. Muchas de las posturas de esta nueva categoría asumen conclusiones a las que había llegado por mi propia cuenta. Mencionado el origen de estas palabras, expongo mis opiniones.
La mezcla de la anarquía con la izquierda es un gigantesco malentendido. Como tantos malentendidos, ha hecho fortuna y pasa por ser legítimo. Pero la izquierda tiene tres características que la hacen tan incompatible con la anarquía como el agua con el aceite: la izquierda es, ante todo, política; también es moralista y, por último, es ideológica. Es decir, la izquierda es una expresión tramposa de la opresión. Es un concepto reaccionario que simplemente niega serlo. Su origen fue algo tan peregrino —y tan político— como una sesión de la Asamblea Nacional francesa en septiembre de 1789 en la que los diputados discutían si el veto del rey debía ser absoluto o limitado. Heroico origen.

viernes, 17 de junio de 2016

Los trabajadores somos unas putas

El otro día me telefonean de una de esas empresas intermediarias entre el parado y la empresa propiamente dicha: una bolsa de trabajo, una cosa del carajo, o una institución benéfica, una fundación humanitaria, un grato sindicato, una oenegé luminosa, alguna de esas cosas, no sé. Algo inútil para los parados, uno de esos nidos de explotadores por nada, de recipientes de subvenciones sin cuento y con descuento por hacer con los pies lo que se supone que el Estado debería hacer con las manos —se supone que hacerlo, ofrecer trabajo a los parados, es lo que justifica su existencia—, y que no hace porque tiene las manos ocupadas en dar hostias con la derecha y en trasvasar renta del trabajo a renta del capital con la izquierda. El Estado, ya se sabe. En cuanto al nombre de esa fundación-oenegé-cosa parasitaria, no lo daré: podría ser cualquiera. Dar su nombre llevaría a pensar que el resto son mejores. Y no: todas son despojos pútridos del capitalismo con rostro humano. La miseria imperante hace florecer a estos filántropos, llena sus bolsillos de dinero y sus pechos de prestigio.

¿De qué coño se ríen?

¿De qué se ríen? ¿Nos hemos perdido algo? Joder, no cogemos el chiste.
Corazoncitos, señoritos y militares sonrientes, alcaldes, autoridades. «La sonrisa de un país». Muy lindo, pero habría quedado mejor «Un descojono de país». Se ajustaría mejor al país y a su brillante futuro. Se van a poner morados de trincar y también, por lo que veo, de reírse.
Repito: ¿De qué se ríen? ¿De quién coño se ríen?
Podría ser que se rieran de sus descocadas familiares ascendientes más directas. Es una sugerencia.
Socialdemócratas, guardias civiles, el papa, el círculo de empresarios (lo juro), los reyes, los jueces, están ahí, moviendo la mandíbula.
Que nos cuenten el chiste ya. Aunque sospecho que es una broma privada.

lunes, 13 de junio de 2016

Galería de derrotados

Algunos de mis mejores amigos han muerto más o menos prematuramente. O han visto sus vidas devastadas por sí mismos o por otros en su camino hacia el final. No sé si eran buenas personas —sospecho que sí—, pero eso me tiene sin cuidado. Eran buenos amigos. Eso sí que me importa.
Estas personas fueron derrotadas, algunas tras una dura lucha, otras sin apenas defenderse; las hubo incluso que no tuvieron conciencia de que vivir supusiera tener que pelear. Comoquiera que sea, fueron derrotadas. Siempre hay alguien a mano que sabe que vivir supone pelear cuando tú lo ignoras; nunca falta quien te supera cuando juega con tu confianza y la traiciona con doctrinas ajustadas a la oportunidad. Ellos, los triunfadores, sin embargo, son gente muy poco interesante, muy vulgar, demasiado vista. Los triunfadores ni siquiera son felices. Como mucho están satisfechos a ratos, más o menos como todos. Nunca hay una buena historia detrás de un triunfador. Puede haber una historia entretenida, pero de baja calidad humana. Y aquí hablamos de seres humanos que pasan por la vida de visita, que curiosean, que cogen las figurillas de las estanterías y las vuelven a dejar donde estaban, que no tienen plano ni brújula o que se los han birlado. Es decir, de perdedores.
A veces me preguntan por qué siempre escribo sobre personas desgraciadas. Suelo contestar que estaré encantado de escribir sobre personas felices cuando conozca a alguna.

jueves, 9 de junio de 2016

Bódalo, cárcel y lucha

No conozco en detalle el asunto de Andrés Bódalo. Desde luego estoy en contra de la cárcel; es una institución punitiva que convierte a los hombres en bestias de carga, en muebles, en alimañas indignas de ningún tipo de atención sanitaria, por ejemplo. Excepto si eres exministro o exbanquero o algo por el estilo, claro está. La mayoría de los presos, sin embargo, no son ni exministros ni exbanqueros, al menos por aquí. La situación de la cárcel en España en particular es sangrante. Se dan unas condiciones de abuso y de represión impune contra todos los presos, y sobre todo contra los que responden a los atropellos: está previsto el régimen FIES, una especie de cárcel dentro de la cárcel, para los díscolos sin dinero. El régimen FIES crea una caverna opaca donde los conflictivos sufren y mueren sin que nadie haga demasiadas preguntas. Como en los cuartelillos. Como en las comisarías. Para este Estado de Derecho —no hay Estado sin Derecho— no son más que basura.