lunes, 31 de octubre de 2016

Un día cualquiera en Madrid


El sábado 29 de octubre por la mañana fui a comprar naranjas, limones, ajos, jamón york y yogures al súper. En la panadería me encontré con la vecina del segundo, una mujer mayor, menuda, con esa cierta animosidad forzosa que la mirada no deja de desmentir. Le di los buenos días. Arrastraba un carro enorme a medio llenar. Cuatro barras de pan por encima de todo. Le pregunté por su marido, por su hija y por su nieto, que conviven con ella en cuarenta metros cuadrados, y a los que tiene que abastecer, cocinar y animar. Su marido es muy viejo y apenas puede andar; ella tiene retención de líquidos, pero está algo mejor. Su nieto juega al fútbol en la calle. Su hija sigue en paro. Como yo. Nos damos las novedades de la salud y la enfermedad, de la miseria y de la pobreza. Ni su hija ni yo encontramos trabajo, ni cursos de formación, ni perro que nos ladre. Vamos de un sitio a otro, llenamos papeles con solicitudes, firmamos, nos dan copias, se pierden, dónde estará este papel. A la hora de comer comemos naranjas, limones, ajos, pan, para no desmayarnos ni perder el uso de los dedos. La pinza del índice y el pulgar para firmar. El corazón para saludar al tendido. El anular para que no se nos caigan los anillos. El meñique para repasarnos las encías y las orejas.

sábado, 22 de octubre de 2016

Vainica Doble forever

Hoy hace una año murió Gloria van Aerssen, la del apellido raro. Quince años antes había muerto Carmen Santonja. Vainica Doble. Para todos, las Vainica. Esto no es más que un recuerdo. No voy a contar su historia, sólo a hacer un breve elogio y dejar aquí lo importante, una de sus canciones: Un metro cuadrado. Pínchala y escucha:


Tuvieron éxito pero no cultivaron el protagonismo. Bandas sonoras de pelis taquilleras, sintonías de programas televisivos de gran audiencia, algunos hits radiofónicos, podían habérseles subido a la cabeza, pero su cabeza era tan humilde que estaba demasiado alta. Las Vainica no buscaron la fama obsesivamente, así que no la explotaron. Por eso, entre otras cosas, se ganaron el respeto de todos. Sus canciones tienen calidad pero no son tabarras afectadas. Son una mezcla de inteligencia, sensibilidad y humor. O, bien pensado, quizá sean ésos tres términos sinónimos. En su caso lo parece, se funden en una forma de estar. Sea como sea, cantaron con inteligencia, sensibilidad y humor a voz en grito, usando de esas voces de timbre inconfundible y de esos compases suyos. Eran ellas. No se parecían a nadie, y nadie se parecía a Vainica Doble.

domingo, 16 de octubre de 2016

Calles no. No calles

Los lejías se han molestado mucho con lo de que se le quiera quitar su calle en Madrid a Millán Astray. Se han manifestado en la plaza Mayor y luego se habrán ido a tomar un vino español seguido de una comida de hermandad, puede que seguida de una capea. Y ya está. Ya se ha abierto el interesante debate recurrente sobre la estupidez de turno: las calles y su nomenclatura. Lo que haga falta con tal de no hablar sobre lo importante y hacerlo. Fetichismo. A la calle Millán Astray se la va a rebautizar como calle de la Inteligencia. Estamos salvados. Los vecinos de esa calle se van a volver listísimos de repente.
Las calles no son más que caminos trillados que debemos seguir de un redil a otro. Marcan la diferencia aberrante entre el campo, con su espacio abierto, y la ciudad, donde nos amasamos encajados. Las calles son para pisarlas, son vías de máquinas ciegas, de desfiles sonámbulos de pies con el paso cambiado; lugares de ocio absurdo alquitranado, lugares donde se sientan los mendigos a contemplar el espectáculo, grietas, fronteras, obstáculos entre bloques, casas y oficinas; delatores, chivatos que nos localizan cuando la Policía viene a por nosotros o cuando el cartero nos trae la carta de desahucio o de embargo. Aquí vive, todo vuestro. Cuando la muerte llama a nuestra puerta ha logrado nuestras señas en el callejero. Fuera calles. No calles.

miércoles, 12 de octubre de 2016

El 12 de octubre de Mijail Bakunin

El 12 de octubre de 1873, Mijail Bakunin escribió su famosa Carta de despedida a los compañeros de la sección del Jura de la AIT, a la que pertenecía. En ella, un Bakunin agotado físicamente por los quebrantos de la salud y con la amargura añadida de haber sido calumniado, denigrado y expulsado de la Internacional mediante maniobras infames, renunciaba a su pertenencia a la renovada Asociación Internacional de Trabajadores, reconstruida a pesar de los autoritarios con la contribución de su últimas fuerzas. El triunfo de la reacción en Europa tras la derrota de los trabajadores y de los anarquistas en la Comuna de París y en los levantamientos cantonales de España había terminado por socavar su moral después de una vida entregada a la Revolución social. Estaba cansado, renunciaba a la militancia, pero no renunciaba ni a una sola de las ideas que le habían llevado a quemarse en la lucha por la emancipación del ser humano. Los marxistas se burlaron mucho de sus razones; presentaron como una excusa los supuestos motivos de salud que Bakunin alegaba en su carta para retirarse de la lucha. Bakunin murió menos de tres años después en Berna, en la miseria económica, después de una larga agonía de dolores y padecimientos, herencia de sus doce años de encierro en las cárceles zaristas, que le pasaban factura a su edad ya avanzada.

miércoles, 5 de octubre de 2016

Dinero inmundo


El año pasado estuve trabajando en un quiosco donde tenía que estar constantemente atendiendo a la caja; tocando el dinero que entregaban los clientes y dándoles las vueltas con cuidado de no equivocarme en las cuentas. Las monedas estaban sudadas, calientes, templadas o frías, algunas desgastadas, melladas, adornadas con marcas de rotulador que ennegrecían la cara del bicho estampado, con muescas en los cantos, con abolladuras como de martillazos o de punzones. Los billetes, arrugados, algunos rotos y con los trozos mal unidos mediante tiras de cinta adhesiva que se desprendía. A algunos les habían sacado el hilo de seguridad y habían disimulado la cosa con celo, otros tenían escritos textos de lo más variado, números de teléfono o dibujos obscenos o sonrientes hechos con rotulador fino o grueso, negro, azul y rojo. Algún billete era falso. Sólo me colaron uno de tarugo, al principio: un billete de 50 euros hecho con fotocopias muy burdas de ambas caras pegadas con sumo cuidado. El papel parecía menos usado de lo normal, aunque evidentemente lo habían tratado, supongo que sobándolo, para que no llamara demasiado la atención. Me sentó mal, pero, al mismo tiempo, me provocó una sonrisa. Había pringado. Qué le iba a hacer.

domingo, 2 de octubre de 2016

Relato fantástico: Mis troscos particulares

Este blog, por desgracia, se está desviando demasiado hacia la política, aunque sea apolítica. Así que hoy os contaré un cuento. Un poco de literatura fantástica para desengrasar. Dice así:

Yo tengo mis troscos particulares. Quien más quien menos, todo el mundo tiene como poco un trosco particular al que echarle de comer, peinarle, bañarle y vestirle de lino, aunque sea ese pequeño trosco que todos llevamos dentro. Algunos tienen sus troscos favoritos, como odaliscas o platos de pasta con piñones. Yo a mis troscos particulares los tengo en el fondo del baúl del cuarto de la plancha, y os voy a hablar de ellos. Voy a sacarlos del baúl para que les dé un poco el aire. Se lo merecen.
Sí. Fui trosco, pero no me arrepiento. Lo lamento pero no me arrepiento, porque el arrepentimiento es inútil. Puede que el lamento también, pero además de inútil es inevitable. Sea como sea, ser trosco me hizo rasgar el último velo del fraude, colarme por ese agujero y llegar a la anarquía, la tierra de nadie, el abismo sobre el desierto en el que todos encuentran refugio. No hay anarquista sin pasado ni trotskista sin futuro. Todo el pasado es nuestro, todo el futuro es suyo.