domingo, 25 de diciembre de 2016

Empresarios haraganes


Hay quien dice que los trabajadores son unos vagos. Ojalá. Su problema es que, en general, no lo son; de hecho regalan su tiempo, su energía y su salud al empresario para no perder el privilegio de enriquecerlo. Las cosas son así de absurdas.
Los empresarios, en cambio, son unos verdaderos haraganes. Siempre lo han sido, pero la crisis los ha convertido en unos holgazanes impúdicos, como unos padres que obligaran a sus hijos a azotarse a sí mismos cuando los castigan.
Hace unos días me llamaron de una de esas empresas llamadas oenegés que tiene bolsa de empleo. Me remitieron a otra empresa que ofrece empleo subcontratado. Esta última me remitió a otra empresa, pública, a la que ofrece servicios externos. Total: para conseguir un empleo de mierda —jornada parcial, inestable, mal pagado, en condiciones penosas—, un empleo que ni siquiera es seguro que vaya a conseguir, paso por tres empresas: la oenegé, la subcontrata y la empresa pública. Así no hay quien se aclare: ¿a quién le parto la cara cuando empiecen a putearme? Se pasarán la pelota unos a otros y esquivarán bastantes hostias. Una muestra más de la irracionalidad, de la inviabilidad del capitalismo chabolista liberal que tanto se vanaglorió en el pasado de su triunfo sobre el rígido capitalismo de Estado soviet-style. Ambos sistemas de explotación económica son la misma mierda, la misma basura burocratizada y laberíntica que atora todos los respiraderos.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Derecho a vivir o vivir de hecho

Hay por ahí una cosa con corazoncitos sonrientes que se llama Derecho a Vivir. Por una serie de circunstancias que importan poco me he cruzado últimamente con ellos. Parece que se preocupan mucho por el derecho de los cigotos, los embriones, los nasciturus, los concebidos, los fetos y los no nacidos en general a llegar al exterior de su matriz: a nacer, cualquiera que sea su nivel de desarrollo, su viabilidad y su denominación. Antiabortistas, vamos.
No me interesa demasiado la polémica de fondo; se ha repetido hasta la náusea. Es muy conocido el argumento de que el derecho a vivir de los no nacidos, que a esta gente parece preocuparle tanto, debería extenderse a los nacidos. Es un buen argumento, pero tampoco me interesa. Como siempre, la forma nos atrapa y nos entrampa. Se trata de negar el derecho a vivir y basta. Hacer algo jurídico de la vida, como del amor o de la muerte, es una aberración. Vivir es un hecho, no un derecho. Ni un deber, por cierto.

martes, 13 de diciembre de 2016

Emilio Martínez Menéndez y José Luis Montañés Gil: 37 años sin aprender la lección


Han pasado 37 años; quizá pasarán 37 años más hasta que nuestros pies dejen de arrastrarse sobre la tierra. Pero, entre tanto, no hemos olvidado ni olvidaremos aquel 13 de diciembre de 1979, aquella condensación de todo lo que el ser humano tiene de sublime y de miserable, de todo lo que su cerebro y sus nervios tienen de frágil y de automatizado. El 13 de diciembre de 1979 en la glorieta de Embajadores de Madrid la Policía asesinó en una manifestación a dos estudiantes: Emilio Martínez Menéndez, de 20 años, y José Luis Montañés Gil, de 23. Cayeron bajo las balas, entre el asfalto, la mentira y la oscuridad; poco después de las nueve de la noche, la hora mágica en la que los maderos ya iban lo suficientemente cargados en la época y sus lecheras se convertían en calabazas. Sólo lo recordamos los que nos olvidamos de recitar la lección hace años, los que no hemos aprendido nada. El presidente del Gobierno era Adolfo Suárez, condecorado por Franco con la Orden Imperial del Yugo y las Flechas. El ministro del Interior era Antonio Ibáñez Freire, condecorado por Hitler con la Cruz de Hierro. El gobernador civil de Madrid era Juan José Rosón, cuyo despacho siempre estuvo presidido por un retrato del caudillo de sus negras entrañas.