lunes, 23 de enero de 2017

Muertos instrumentales


Este fin de semana en la Sexta se han repetido: han vuelto a emitir un programa documental sobre la matanza de los abogados de Atocha que ya habían puesto la semana anterior, sin advertir de que se tratara de ninguna redifusión. Es curioso, porque en el documental dicen que han pasado “exactamente” cuarenta años de aquel suceso. Cuarenta años es posible, pero “exactamente” no puede ser dos semanas sucesivas. Además, cuarenta años “exactamente” se cumplirán mañana, 24 de enero. Una chorradita. Como que dijeran que desde el entierro de los abogados hasta la legalización del PCE pasaron 47 días. En realidad pasaron 73. No es importante. De hecho, el documental no tiene ninguna importancia, porque no tiene ningún rigor. Lo de que han pasado “exactamente” cuarenta años o lo de los “47” días son sólo detalles, muestras de esa falta de rigor. Un documental ramplón e indocumentado con furiosa música ratonera de fondo subrayando la fanfarria de los bustos parlantes en procesión.
A la desgracia de sus muertes, los cinco asesinados la noche del 24 de enero de 1977 tienen que añadirle su canonización selectiva. Políticos como Tamames, Garrigues, Carmena, Almeida o Sauquillo estuvieron de acuerdo a lo largo de ese espectáculo digamos que documental en coronarlos como héroes y mártires de la Democracia. Tamames llegó a decir que la Historia debería tenerles más en cuenta. Y, sin embargo, en todo el documental no se dijo una sola palabra sobre sus vidas, al menos sobre su biografía política, al margen de señalar escuetamente su militancia y el caso que les ocupaba.

miércoles, 18 de enero de 2017

Se necesitan reaccionarios profesionales


Buscando trabajo como si me fuera la vida en ello, me topo en la página de la agencia de empleo de Madrid con esta oferta: la FRAVM (Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid) busca “dinamizador/a vecinal”. Explica más o menos, en términos bastante confusos, los requisitos para ocupar la plaza: entre ellos, tener experiencia en Entidades Sin Ánimo de Lucro (ESAL). ¿Nuevo nombre de las ONGs? Me recordó un viejo afiche creo (espero) que humorístico que, con el retrato de Emiliano Zapata, rezaba así: “Se necesitan revolucionarios para hacer la Revolución”.
Esto de que las asociaciones de vecinos pongan anuncios en serio para cubrir puestos de activistas es un nuevo fondo tocado por la cosa de los movimientos sociales famosos. Es la funcionarización de las “actividades sociales” —aunque actividades sociales sea un concepto tan gaseoso como tomar algo en el bar o confesarse con el cura de la parroquia— y la apertura de un nuevo nicho, al menos de un nicho hasta ahora cerrado, del mercado laboral: después del “sector humanitario” de los captadores de socios para ONGs aquí llega el sector vecinal, o ciudadano. El sector de cambiar el mundo en general, o al menos de maquillarlo. Antes se hacía proselitismo. También se pillaba, pero no a la luz del día. Bellos tiempos de vergüenza y disimulo. Ahora se ponen anuncios, sin complejos. Contrato. Seguridad Social. Obra o servicio. Trienios. Comisiones.

domingo, 8 de enero de 2017

Demagogia, robo y responsabilidad


Defensores del pueblo no sólo hay uno, hay muchos. No son pueblo entonces. El defensor del reo no es reo, el defensor de los animales no es animal, el defensor del menor no es menor, el defensor de una teoría no es teoría. Todo defensor es ajeno al defendido, su superior moral, su controlador y su mercenario o, más bien, su parásito. Guárdate de los defensores. Su existencia depende de que su cliente siga creyendo no poder defenderse por sí solo y siga pagándole o sirviéndole de excusa inconsciente. Por eso debe halagarlo, para asegurarse el sustento que le proporciona la idea inducida de su indefensión.
Hay toda una mística muy antigua sobre la bondad de la pobreza, del pobre pero honrado, fomentada por la izquierda, nítidamente heredera del cristianismo. Fomenta el aberrante orgullo de ser pobre, de ser obrero, de ser explotado. Esa mística es muy útil para los ricos y los explotadores.
La demagogia de los defensores de los pobres, de los izquierdistas constantemente aggiornados, consiste en halagar con las palabras para traicionar con los hechos. Se aposenta sobre el lloriqueo estéril e inoperante si las lágrimas vienen de abajo; hipócrita si está provocado por agentes lacrimógenos. Qué buenecitos y qué desgraciaditos somos lo pobres. No: qué gilipollas. La prueba es que somos pobres; que en un mundo en el que somos más y más fuertes, en un mundo lleno de riqueza creada por nosotros, acumulamos mugre y sangre hasta que se nos hace costra en las cejas. Estamos agilipollados: la prueba es que, siendo pobres, sostenemos a los ricos. Dejemos las gilipolleces antes de que acabe uno de estos siglos y dejaremos por fin de ser pobres.