domingo, 5 de febrero de 2017

No trabajes gratis nunca

Me topo con unos carteles que dicen algo, algo concreto: «Ni una sola hora de trabajo gratis». Así de sencillo. Nada de vota esto o vota con ilusión o sí se puede o dignidad o basta ya de aquello o esto es intolerable. Nada de palabrería burbujeante. Ni una sola hora de trabajo gratis. Todos sabemos de lo que estamos hablando. Todos. Los han hecho los del PCPE-CJC. No comulgo en su capilla, pero son unos muy buenos carteles en fondo y forma. Suele ocurrir. Enhorabuena, compañeros del PCPE-CJC.
Entre mis muchos, grandes, inconfesables y a veces divertidos defectos no se encuentra el de haber trabajado una sola hora gratis, ordinaria o extraordinaria, en todos los días de mi vida laboral. Sí he trabajado barato, lo confieso, incluso muy barato, pero ni una sola hora gratis. Así me ha lucido el pelo. No trataba tanto de dar ejemplo (aunque ya de paso, pues eso) como de no agravar mi problema de intolerancia a tragar sapos crudos a palo seco sin sal ni tequila.
Debo de estar haciéndome viejo. Seguro. Estoy viejo y acabado como los Beatles. Echo de menos los tiempos heroicos en los que luchábamos contra el trabajo asalariado. Nuestro problema fue que pasamos a luchar por el trabajo bien pagado. Ahora parece que hay que pedir simplemente trabajo pagado. Hemos tocado fondo.
El trabajo asalariado nos convierte en esclavos. El trabajo gratuito, en bestias. Es una cuestión involutiva. Un par de carteles en un barrio del norte de Madrid. Bueno, pues ya está dicho. Ahora sólo falta hacer.